sábado, 17 de diciembre de 2011

Torino

El fin de semana pasado estuve en Torino.
En primer lugar quiero decir que me encanta el modo que tiene de recibirme en su ciudad mi amiga Ula.
Ya es la segunda vez que voy y ya es también la segunda vez que me trata como una persona de la zona, es decir, no siente la necesidad y sabe que yo tampoco la tengo, de venir a buscarme al punto exacto a donde llego. Quedamos siempre en encontrarnos donde sea más conveniente. Gracias Ula por darme esa independencia de movimiento y tener entera confianza en mi capacidad de desenvolvimiento en una ciudad y en Italia.

El fin de semana se desarrollo en la cocina de día y en unos locales bailables de noche.

La familia de Ula como siempre me trató de modo impecable, haciéndome sentir parte integrante de la familia y muy a gusto.

Hemos cocinado la madre de Ula y yo varias especialidades polacas: unos ñoquis polacos de nombre para mi irreproducible, dos tortas, una de queso y una de manzanas, la decoración de las galletitas que ya había dejado listas Ula, dos panes repletos de semillas y un extra de crema de sambayón al moscato que no estaba en programa pero que además de salir muy rico me hizo conocer el moscato. Vino dulce, blanco y espumante. Todo lo contrario a lo que pensaba yo que me lo había siempre imaginado como un vino tinto, fuerte y de dudosa calidad.

La primera noche fuimos a una inauguración de una muestra en donde un vaso de vino nos calentó motores. Luego cenamos en la casa de Ula y gracias a la convicción de Ula, logramos salir nuevamente de la casa pese al frío y fuimos a tomar un trago que también me gustó demasiado, otra cosa de la que me he hecho bastante fanática se llama liquirizia y tiene el gusto de los caramelos Media hora. Es como un dulce amargo y servido en forma de mojito con un caramelo para degustar durante o luego del trago, me gustó mucho, sólo que es la especialidad de ese local y no pude encontrarlo en ningún otro lugar. Luego fuimos a un boliche en donde la edad promedio era 22 años. Debo decir que intenté bailar pero no me inspiré mucho, por suerte Ula tampoco y nos volvimos a la hora de los 30 (1:30 am).

Al otro día tipo 11 se abrió la cocina y no se cerró hasta las 8 de la noche con una breve pausa de almuerzo y luego a continuar con el trabajo. Acá algunas fotos de los productos terminados, de mi maestra y de mi amiga.

Torta rellena de puré de manzanas y canela con merengue.

Ñoquis polacos. Las hojas verdes de la foto no tienen nada que ver con la receta pero quedan  muy lindas.

La prueba de la crema de sambayón y algún comentario.

Ula y el glaseado para sus galletitas.

Las señoras galletitas.

El señor pan.

Torta de queso, pasas y rhummmmmmmmm.
Esa noche Ula volvió a conseguir sacarme de una cocina calentita de horno encendido y llevarme a bailar. Primero cenamos en la casa de nuestro amigo Stefano que se despachó con unas albóndigas (me encanta la palabra albóndigas) y una pasta con berenjenas. Llegó el moscato aquí también y unos licorcitos "digestivos" según culaquier italiano a quién se consulte. Y luego sí a romper las pistas.

Después de tanto tiempo volví a mi querido y bien puesto Gin tonic. Me convertí en la armadora oficial de cigarrillos y recibí elogios por mi velocidad y calidad del producto terminado.
La pista seguía en llamas, la música era muy buena y por fin me saqué de encima las ganas locas que tenía de bailar.
Más tarde quise innovar con un trago nuevo, dejar en un costado mi Campari naranja y mi Gin tonic de siempre y optar por alguna nueva opción. El mojito a la liquirizia no era posible, así que me acerqué a la chica de la barra y le dije mis gustos entonces no hizo más que mezclar un poco de esto un poco de aquello y darme el trago. Ilusa yo, pensé que se trataba de un trago ya probado, estudiado y le pregunté el nombre así en caso de que me gustara podría empezar a ampliar mi lista de bebidas posibles. Ella me respondió preguntándome mi nombre y así fue como la invensión irreproducible con forma de trago se llamó Cecilia.

Torino tiene mucha movida cultural, muchas muestras de arte y en la zona creo poder afirmar que es de lo más modernito. Esta afirmación se verá en una de las fotos que siguen.

Torino es así, tiene esa cosa que tiene Buenos Aires. La capacidad de hacer una fiesta en una club de remo que tiene en su sala central un dinosaurio de madera balsa colgando y donde los estantes donde se encuentran las botellas en la barra no son más ni menos que botes en desuso puestos de pie.

Mis amigos.

Las chicas.

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