En primer lugar quiero decir que me encanta el modo que tiene de recibirme en su ciudad mi amiga Ula.
Ya es la segunda vez que voy y ya es también la segunda vez que me trata como una persona de la zona, es decir, no siente la necesidad y sabe que yo tampoco la tengo, de venir a buscarme al punto exacto a donde llego. Quedamos siempre en encontrarnos donde sea más conveniente. Gracias Ula por darme esa independencia de movimiento y tener entera confianza en mi capacidad de desenvolvimiento en una ciudad y en Italia.
El fin de semana se desarrollo en la cocina de día y en unos locales bailables de noche.
La familia de Ula como siempre me trató de modo impecable, haciéndome sentir parte integrante de la familia y muy a gusto.
Hemos cocinado la madre de Ula y yo varias especialidades polacas: unos ñoquis polacos de nombre para mi irreproducible, dos tortas, una de queso y una de manzanas, la decoración de las galletitas que ya había dejado listas Ula, dos panes repletos de semillas y un extra de crema de sambayón al moscato que no estaba en programa pero que además de salir muy rico me hizo conocer el moscato. Vino dulce, blanco y espumante. Todo lo contrario a lo que pensaba yo que me lo había siempre imaginado como un vino tinto, fuerte y de dudosa calidad.
La primera noche fuimos a una inauguración de una muestra en donde un vaso de vino nos calentó motores. Luego cenamos en la casa de Ula y gracias a la convicción de Ula, logramos salir nuevamente de la casa pese al frío y fuimos a tomar un trago que también me gustó demasiado, otra cosa de la que me he hecho bastante fanática se llama liquirizia y tiene el gusto de los caramelos Media hora. Es como un dulce amargo y servido en forma de mojito con un caramelo para degustar durante o luego del trago, me gustó mucho, sólo que es la especialidad de ese local y no pude encontrarlo en ningún otro lugar. Luego fuimos a un boliche en donde la edad promedio era 22 años. Debo decir que intenté bailar pero no me inspiré mucho, por suerte Ula tampoco y nos volvimos a la hora de los 30 (1:30 am).
Al otro día tipo 11 se abrió la cocina y no se cerró hasta las 8 de la noche con una breve pausa de almuerzo y luego a continuar con el trabajo. Acá algunas fotos de los productos terminados, de mi maestra y de mi amiga.
| Torta rellena de puré de manzanas y canela con merengue. |
| Ñoquis polacos. Las hojas verdes de la foto no tienen nada que ver con la receta pero quedan muy lindas. |
| La prueba de la crema de sambayón y algún comentario. |
| Ula y el glaseado para sus galletitas. |
| Las señoras galletitas. |
| El señor pan. |
| Torta de queso, pasas y rhummmmmmmmm. |
Después de tanto tiempo volví a mi querido y bien puesto Gin tonic. Me convertí en la armadora oficial de cigarrillos y recibí elogios por mi velocidad y calidad del producto terminado.
La pista seguía en llamas, la música era muy buena y por fin me saqué de encima las ganas locas que tenía de bailar.
Más tarde quise innovar con un trago nuevo, dejar en un costado mi Campari naranja y mi Gin tonic de siempre y optar por alguna nueva opción. El mojito a la liquirizia no era posible, así que me acerqué a la chica de la barra y le dije mis gustos entonces no hizo más que mezclar un poco de esto un poco de aquello y darme el trago. Ilusa yo, pensé que se trataba de un trago ya probado, estudiado y le pregunté el nombre así en caso de que me gustara podría empezar a ampliar mi lista de bebidas posibles. Ella me respondió preguntándome mi nombre y así fue como la invensión irreproducible con forma de trago se llamó Cecilia.
Torino tiene mucha movida cultural, muchas muestras de arte y en la zona creo poder afirmar que es de lo más modernito. Esta afirmación se verá en una de las fotos que siguen.
| Mis amigos. |
| Las chicas. |
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