jueves, 22 de diciembre de 2011

Estos dìas.

El gusto a pan dulce volviò a mi boca la tarde siguiente. Quise escribirlo en ese moento. Abrì el blog pero me entretuve con otra cosa y ya està se fue, se perdiò. Me queda el recuerdo. El recuerdo del recuerdo y nada original, lo original ya lo ha hecho Proust y era una madalena en lugar de pan dulce.
La cabeza de la gente està electrificada. Mis pelos y los de los demàs se alzan sin necesitar del viento, la estàtica los mueve, los regula, los alarma. Cada vez que salgo del coche y cierro la puerta pasa por mis dedos como si no fuera suficiente que se encargue de mi pelo, o de mi no màs pelo, luego de haber pasado ayer por la peluquerìa y volver a un viejo problema que creìa haber ya resuelto, pero no. Decirle algo a los peluqueros, sobre todo cuando uno està seguro de què quiere ni como, es un problema, o dos o màs problemas o el mismo problema por todos los dìas que siguen hasta que vuelve a crecer el pelo.
Pienso en las costumbres, pienso a todo lo que no creìa estar acostumbrada, pienso en las necesidades y en los caprichos, pienso en el llanto y lloro, total tambièn pasa que la calefacciòn del auto te seca los ojos hasta el punto en que duele cerrarlos y abrirlos y no se puede elejir entre tenerlos cerrados o abiertos o bajar del coche.
Pienso en los hospitales, en todas las canastas de navidad que vi hoy entrar.
Pienso en mis cuerdas vocales,las siento y hacen un ruido sucio si intento cantar usando las nuevas tècnicas aprendidas. Una visita a la fonoudiòloga. Se harà? la harè?
Vuelvo a la tarta de berenjenas. Ya no le pongo cebolla, sòlo tomate, queso y pan rallado.
Recibo felicitaciones por los dulces cocinados y regalados esta navidad, o una semana antes de esta navidad.
La nieve no llega pero dicen llegarà.
Esta noche se deja crecer la levadura para hacer pan al despertar.

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