miércoles, 25 de abril de 2012

Las zonas

Ya debe ser la segunda vez al menos que escribo sobre las zonas. Desde que leí y entendí el contenido de "las zonas" en un libro de Cortazar, no puedo dejar de saberlo, de llevarlo conmigo y de sentirlas de cuando en vez.
Ayer por la noche, en la intersección de la zona que antecede al sueño y la zona de aún un hilito de conciencia escuché algo que no puedo saber si sucedió realmente o no, pero el noticiero daba una noticia que contaba como una chica había sido tragada por la tierra. Así literalmente, al tierra se abrió justo por donde ella pasaba y cayó a seis metros de profundidad. Tuvo que venir un equipo de rescate y ella estaba en perfecto estado pero bajo un shock nervioso.
Una vez a mi casi me traga la tierra de un modo similar, pero no es eso lo que vengo a contar ahora.

Mientras hoy viajé en colectivo hacia la zona sur de la capital federal, entré sin poder advertirlo en otra zona, la zona de un día de cumpleaños de un ex novio mío, al que fui a visitar en colectivo, llevando una torta hecha por mi misma y una caja llena de sorpresas/regalos. Me vino a la mente la remera que le regalé, no exactamente, porque no la recuerdo mucho. Supe que tenía algún número pegado, y supe que en ese momento se usaban las remeras con números pegados y supe que le gustó estar a la moda con esa remera. De repente el sur era el pasado y otro largo viaje en colectivo.

Ya estoy nuevamente en Belgrano y despierta sin zona aparente, pero es sólo eso, apariencia.

lunes, 16 de abril de 2012

Volver a mirar

Hace tiempo mi vista y mi cabeza no se detenían  ser espectadores críticos de una situación. Por suerte volvió a sucederme el sábado pasado mientras estaba en un colectivo (creo que los colectivos porteños tienen gran culpa de esta situación). Así fue como ví a una hija de unos 50 y largo y a su madre de unos 70 y largos llegando a la puerta de una heladería. La hija empujaba la silla de ruedas en la que iba la madre. Paró la silla en la puerta de la heladería y le preguntó: "Sambayón y dulce de leche?" y entonces la madre movió al cabeza diciendo que sí.
En eso momento entendí que no hacía falta la pregunta más que para hablar, que esa mujer lleva toda una vida comiendo dulce de leche y sambayón y que no iba a cambiar en ese preciso momento sus sabores de helado. También me di cuenta de que ninguna de las dos se dió cuenta de lo que había pasado y pensé inmediatemente cuántas veces me pasa a mi, cuántas veces nos pasa a todos hacer esas preguntas que no necesitan ser hechas como para llenar el espacio, como para asegurarnos que nada ha cambiado pero sin siquiera pensarlo, como encender otro cigarrillo más, como sonarnos los dedos de las manos o comernos las uñas sin ninguna atención en lo que estamos haciendo.
Mecánicos, el hombre también habla mecánicamente y tiene respuestas predefinidas como mi último celular en el que si querías podías apretar un botón y sin siquiera escribirlo mandarle a otro un snetimiento como "te amo".
Yo también como dulce de leche y sambayón pero a veces me arriesgo y pido otra cosa. Será que ese también es un mecanismo para dejar de ser mecánicos?

martes, 10 de abril de 2012

Entre Ríos

Llegó la semana santa y partí rumbo Entre Ríos, rumbo a Lili una amiga del alma.
Siempre me gustó Entre Ríos, siempre la pasé muy bien en ese lugar.
Apenas llegué y me encontré con Lili me agarró un susto increible porque tuve miedo de no haber entendido el concepto del viaje y no haber llevado absolutamente nada para acampar. Ella me supo tranqulizar al decirme que noooooooo, que yo había entendido bien.
El primer día pasó entre mates, conversaciones, paseos por la playa, alguna que otra cerveza, una anfitriona, Alejandra, que nos supo llevar a los lugares claves y finalmente llegó la propuesta de arrancar para Uruguay la mañana siguiente y claro, ver si acampábamos allí.
Así fue, la mañana siguiente se vino el supermercado, luego de que entre las tres calculáramos el menú de la noche en el camping, la promesa de cruzar el charco para saborear un super chivito uruguayo y las ganas de estar a cielo abierto por otros lados.
Se arrancó y gracias a los datos de "La Ale" supimos cambiar pesos por uruguayos en la estación de servicio próxima al cruce. En nuestras manos teníamos 1000 uruguayos que debían servir para comer el chivito, acampar y los etc, que se nos ocurran.
Al llegar al paso de un país al otro, nos encontramos con la sorpresa de que ya teníamos que "invertir" 140 uruguayos para el peaje, así fue, y cuando el señor de la casilla nos dió el resto, contó uno a uno los billetes hasta llegar a 1000 pero en lugar de mil dijo "milonga"cosa que nunca había escuchado y que me causó gracia.
Un paseo por Paysandú, corto, chiquito, lo indispensable hasta dar con "Pay chivitos" que se encontraba por supuesto en la plaza Artigas. Comimos, rico, y no demasiado como para dejar lugar a un heladito. Hacia allá fuimos, y nos comimos lo que para mi fueron los helados más grandes jamás vistos. El señor heladero se dió cuenta enseguida de nuestro no acento uruguayo y preguntó de dónde veníamos. Lili aprovechó la conversación y se sacó las dudas, sobre qué cosas hacer, a dónde ir, y que ruta tomar para llegar a San Javier, un pueblo en donde vive una comunidad rusa y donde esta el camping Farrapos/arapos al que queríamos llegar. El señor heladero era entre realista y pesimista, ya que cada cosa que nos aconsejaba ver venía compañada de una crítica o queja sobre el estado de los lugares o sobre una fiesta de la cerveza que había que llamó fiesta popular y enseguida se retracto diciendo que bueno, que tan popular no era porque había que pagar entrada.
Partimos rumbo san javier, a medida que nos íbamos acercando, ya estábamos cada vez más tierra adentro, la ruta se empezó a poblar de unas arañas peludas, grandes y descuidadas en su modo de cruzar la ruta. Lili al volante hizo lo imposible por no pisar ninguna pero creo que a la vuelta rompió el invicto, no estoy muy segura de eso.
Llegamos al camping y la amabilidad de los charruas, nos encontró en la puerta en forma de dos señoras que nos explicaron el funcionamiento del camping, uno iba, se instalaba y luego iba hacia la despensa para hablar con "el señor que sabe todo". Nosotras hicimos lo siguiente, fuimos, nos instalamos, y fuimos a la despensa en busca de una Patricia, cerveza local que según mi entender lleva su nombre por el ejercito de los Patricios o por algo referido a la patria y según Lili lleva su nombre porque como a su prima Patricia, a su creadores se le antojó tal nombre.
Nunca conocimos al señor que sabe todo, aunque debo reconocer que con tal sobre nombre ganas no me faltaron. Sobre el río Uruguay empezaba a atardecer y nos sumamos a su espectáculo a la orilla del río, ahí donde no estaban los pescadores.
Llegó la noche, hicimos nuestra ensalda, perfectamente planificada para comerse luego de un almuerzo de chivito uruguayo, compramos otra Patricia, eso sí sin decir una sola palabra de nuestra estadía al don sobrenatural.
Llegó la noche, empezaba a refrescar, ya teníamos mangas largas desde antes porque los mosquitos pican y pican. Así que yo saqué mi saco lana, ese del que las chicas se supieron reír y me lo enfundé debajo de mi campera de frío, esa de la que las chicas se rieron doblemente.
A la hora de acostarnos Lili dijo que ella se sacrificaría e iría a dormir al medio. La dejamos salirse con la suya y compartimos bolsa de dormir y frazada.
Cabe aclarar que Ale, es muy calurosa, y se durmió primero en su bolsa de dormir individual.
Lili y yo supimos, sentimos que nos moriríamos de frío, así que más de dos veces hicimos restructuración de las cosas a disposición (todas las cosas a disposición) hasta que al final estábamos bien y listas para dormir, cuando Ale se despertó y se empezó a sacar sus abrigos porque sentía calor. Loca la vida no?
Desayuno a la mañana siguiente, desarmar la carpa, pedir agua caliente en la despensa y salir/huir sin conocer nunca la señor que todo lo sabe.
Paramos en una estación de servicio rumbo a Fray Bentos para cruzar nuevamente a la Argentina pero esta vez por Gualeguaychú. Allí picó el hambre y compramos unos "sanguchitos" de miga y unas galletitas de chocolate. Pagué con nuestros uruguayos y como por arte de magia el resto fue de 140 uruguayos, justo lo que nos servía para volver a cruzar a Argenitna.
Paseo por la costanera de Fray Bentos y luego cruzar, fila, demora, llenar un papel y bajar al free shop en donde cada una hizo sus compras y luego seguimos.
Al llegar a gualeguaychú, fue dificil encontrar un lugar para comer algo diferente a "sanguches", puede ser por la hora, pero me aprece también que es difícil sea la hora que sea. Terminamos pidiendo unos lomitos al plato y la moza nos contestó que venían en "sanguche", que nosotras si queríamos le sacábamos el pan, pero que era política del local servir "sanguches".
Justo antes de emprender el regreso, se nos ocurrió que estando un sábado a las 7 de la tarde en el centro de gualeguaychú sería una tarea sencilla encontrar un cable para remplazar el cable que conecta el Ipod con al radio que a estas alturas estaba fallando al punto de dejar escuchar la música sola sin la voz. Estábamos en los cierto, fue sencillo encontrarlo y dejamos Gualeguaychú con la misión cumplida.
De vuelta a concepción, ducha para todas, y salir a cenar y luego esperar a que se hagan las 2am. para que yo me tomara el micro de retorno.

Así fueron los hechos, en el medio (Entre Ríos) hablamos mucho, pasaron cosas, nos disfrutamos, nos reencontramos, nos escuchamos, nos molestamos, nos aclaramos...

Entre Ríos siempre me gusta, e ir de camping con mi amiga Lili sorpresiva pero ya no tan sorpresivamente, también.

domingo, 1 de abril de 2012

Recuerdo

No entiendo bien por qué ayer me acordé del día que dejé a un hombre trabajando en la calle céspedes para que cambiara el bidet. Recordé como esa tarde llegué a la casa luego de un día de oficinay al girar en la esquina lo vi casi plantado junto al árbol de la puerta de céspedes que ya tampoco está más.
Primero sentí estupor, luego verguenza y después me invadió la paranoia de que los vecinos vengan a decirme que no se puede dejar un bidet tirado en la puerta de casa. Una situación entre surreal y dadaísta pero verdadera y en la puerta de mi casa.

Antojos argentinos

No pude creer la tarde-noche que Mario me dijo: "hoy quiero comer chinchulines..." ahí mismo me di cuenta que él podría vivir acá sin probelmas y que con sólo tres semanas de estadía me haga un pedido del estilo significaba que estaba entendinedo muchas cosas, tantas que yo a lo mejor ni siquiera entiendo, por ejemplo los chinchulines...

Así es como ayer y luego de una gran abstinencia de cine, me antojé con la película nacional que se estrenó el jueves "La suerte en tus manos" y que más allá al mal sonido que tiene o que tenía la sala a la que fui, se necesita saber unas cuántas cosas para tener complicidad.

La cosa que vengo a decir es que los antojos nos hacen parte de algo, algo que ni siquiera puedo definir, pero a lo cual me gusta pertenecer.