jueves, 29 de diciembre de 2011

Gratta e vinci ( Raspá y ganá)

Logro darme cuenta en los italianos tienen una costumbre muy arraigada hacia el juego. Cuando estuve en el sur por ejemplo, cada una o dos cuadras había una de estas casa de apuestas en donde muchos televisores pasan partidos de fútbol o carreras de pingos, todo, le apuestan a todo. Acá en el norte es un poco más normal la cosa y aunque se ve que suelen jugar, no es como al sur.
Si vas a comprar puchos o tabaco, en mi caso, en esos puestos que suelen vender desde caramelos, hasta diarios, dominó, monópoli, revistas de sudoku o palabras cruzadas, podés encontrar miles "gratta e vinci" diferentes. Con Mario jugamos de vez en cuando al "Millardario".

El frío me hace muchas veces quedarme en el auto, o sólo porque no tiene sentido que bajemos los dos a comprar puchos, entonces de repente, algunas veces y a modo de sorpresa llega Mario y me da un gratta e vinci y yo feliz. Sólo que nunca gané nada. Ayer por primera vez gané 5 eur, que es el valor de otro gratta e vinci y que por lo general cuando sale ese premio se juega otro en el que no se saca nada.

Descubrí un truco de los que hacen el gratta e vinci que es el siguiente: uno tiene que raspar unos casilleros y luego otros y si esos que se raspan primero coinciden con alguno de los que se raspa en segunda instancia se debe entonces raspar en el lugar donde dice premio a ver cuánto ganó. La cosa es que estos señores, te ponen números muy cercanos, no es que uno raspe en primera instancia el 54 y en segunda instancia el 12 y uno dice, bueno, perdí por mucho, no, no, no... si uno raspa el 54 el número que no le coincide será el 53 o el 55. Pienso que lo hacen precisamente por eso para que uno sienta que estuvo cerca de ganar y entonces vaya a por más.

Lo sé, mi descubrimiento no es una genialidad, pero me pone contenta igual saber por dónde viene la mano y sentir que conmigo no se jode. Igual me sigue poniendo más feliz cuando Mario entra al auto, me tira el gratta e vinci y lo raspo con ilusión.

lunes, 26 de diciembre de 2011

Los lados

Me dispongo a cambiar las sábanas. Primero la parte de abajo, esa que tiene elásticos en las esquinas. Las primeras dos esquinas no representan dificultad algúna, la tercera se reciste pero lo logro, la cuarta no se deja. Contemplo la opción de haber equivocado el sentido de la funda e intento haciendo un cuarto de giro con la funda. Correcto, no era el modo. Pienso en los lados, inmediatamente pienso en lugares, luego vuelvo a la geometría y ahora que escribo recuerdo que hace unos días reconocí no saber algunas tablas de multiplicar como la del 6, la del 7, la del 8 y la del 9, epro la del nueve tiene una regla que la simplifica. Recuerdo que me propuse estudiarlas nuevamente, no pueden ser tan difíciles de memorizar a los 30 años no?
Me sorprenden las semejanzas de las personas. Cuántas personas al leer esto reconoceran tampoco haberlas memorizado? Lección aprendida en 6 años de terapia, sensaciones que nos aquejan, molestan, pensamientos complicados, temores, al final de cuentas cosas que en lugar de diferenciarnos del resto nos asemejan de forma alarmante, alarmante sobre todo para el egocentrismo de querer ser únicos, diferentes, singulares, particulares. Lo somos de todos modos, pero, siempre hay un pero y en este caso creo que son muchos.

Los lados y una navidad más que pasó, diferente. Recibí de regalo un cuadro, una copia de "Abaporu" que busca pared estable, casa y país. Una taza grande, linda de color sobrio que como asa tiene un ala con la profundidad de una oreja y con la que hay que tener que cuidado porque al ser tan voluminosa atenta contra su compañera taza de iguales características y que ante cada golpecito se le salta un poco de pintura. Un repasador con papá noel, una agarradera de cocina con la cara de un cocinero gordo con gorro y un guante de cocina con el mismo señor cocinero gordo, me contaron que me regalaron eso porque mi novio es cocinero.
Por mi parte regalé dulces navideños cocinados y empaquetados con mis propias manos.
Ayer, 25 de diciembre fui a una almuerzo familiar y me di cuenta que me venía faltando esa sensación familiar, que me hizo bien tenerla, como si hubiera recuperado alguna cosa, alguna fuerza.

Los lados y un pan dulce que sólo tiene pasas de uva y frutas abrillantadas, dónde la única fruta seca que aparece es la almendra y en bastante baja proporción para mi acostumbrado paladar de pan dulce lleno de frutas secas y con abundancia de nueces que acá se suele cambiar por avellana pero que parece se usa para todo menos para el pan dulce.

Los lados y un brindis con moscato primero y un vin brulé después (vino que se toma caliente y se cocina con muchas especias).

Mis lados y ser capaz de conocerlos para luego reconocerlos.

jueves, 22 de diciembre de 2011

Estos dìas.

El gusto a pan dulce volviò a mi boca la tarde siguiente. Quise escribirlo en ese moento. Abrì el blog pero me entretuve con otra cosa y ya està se fue, se perdiò. Me queda el recuerdo. El recuerdo del recuerdo y nada original, lo original ya lo ha hecho Proust y era una madalena en lugar de pan dulce.
La cabeza de la gente està electrificada. Mis pelos y los de los demàs se alzan sin necesitar del viento, la estàtica los mueve, los regula, los alarma. Cada vez que salgo del coche y cierro la puerta pasa por mis dedos como si no fuera suficiente que se encargue de mi pelo, o de mi no màs pelo, luego de haber pasado ayer por la peluquerìa y volver a un viejo problema que creìa haber ya resuelto, pero no. Decirle algo a los peluqueros, sobre todo cuando uno està seguro de què quiere ni como, es un problema, o dos o màs problemas o el mismo problema por todos los dìas que siguen hasta que vuelve a crecer el pelo.
Pienso en las costumbres, pienso a todo lo que no creìa estar acostumbrada, pienso en las necesidades y en los caprichos, pienso en el llanto y lloro, total tambièn pasa que la calefacciòn del auto te seca los ojos hasta el punto en que duele cerrarlos y abrirlos y no se puede elejir entre tenerlos cerrados o abiertos o bajar del coche.
Pienso en los hospitales, en todas las canastas de navidad que vi hoy entrar.
Pienso en mis cuerdas vocales,las siento y hacen un ruido sucio si intento cantar usando las nuevas tècnicas aprendidas. Una visita a la fonoudiòloga. Se harà? la harè?
Vuelvo a la tarta de berenjenas. Ya no le pongo cebolla, sòlo tomate, queso y pan rallado.
Recibo felicitaciones por los dulces cocinados y regalados esta navidad, o una semana antes de esta navidad.
La nieve no llega pero dicen llegarà.
Esta noche se deja crecer la levadura para hacer pan al despertar.

domingo, 18 de diciembre de 2011

Mi tortuga

Entre sueños y vigilia me vino esté título a la cabeza. "Mi tortuga", lo extraño es que hablaba de otra cosa, o la sensación de lo que sentía y  representaba era otra cosa.
Sentí a Teo cerca. Días atras soñé con ella tan vivamente que me desperté con la certeza de que había sentido la piel de sus brazos, que habíamos chocado las palmas de nuestras manos como muchas de las veces que nos poníamos a hablar de cualquier cosa, mientras esto sucedía, chaz, chaz, chaz, y la conversación seguía y nuestros choques de mano al mismo tiempo. Una convención entre nosotras.
Eso soñé hace unos días y lo recordé al despertar.

Hoy fue diferente. Aparecía este enunciado, "Mi tortuga", y yo con la certeza de que Teo otra vez estaba conmigo en mis sueños. El sueño era también que escribía la historia de "Mi tortuga" en el blog pero que era una historia sobre ella.

Siendo fiel a esto escribo lo que sale, lo que recorto, lo que intento recordar y sólo llega el título y la certeza de todo lo demás.
Hace unos días, con lo que deja de ser una amenaza de frío para convertirse en realidad, dije que estaba por ser tortuga, guardar la cabeza y comenzar a hibernar. La definición de hibernación es la siguiente:
La hibernación es un estado de hipotermia regulada, durante algunos días, semanas o meses, que permite a los animales conservar su energía durante el invierno. Durante la hibernación el metabolismo de los animales decrece hasta un nivel muy bajo, además de tener una temperatura corporal y frecuencia respiratoria inferior a lo normal, usando gradualmente las reservas energéticas almacenadas en sus cuerpos durante los meses más cálidos.

No me parece ya tan extraño. Hace casi un año que Teo empezó a irse hasta que se fue. Durante una vida, mi vida, Teo me entregó la suya.
Se unen los cables y hacen chispas. Se encienden las luces de los arbolitos de navidad y la oscuridad desaparece. Será que para pasar estos días de fiestas habrá que recurrir a la energía de los meses más cálidos de la vida.

sábado, 17 de diciembre de 2011

Torino

El fin de semana pasado estuve en Torino.
En primer lugar quiero decir que me encanta el modo que tiene de recibirme en su ciudad mi amiga Ula.
Ya es la segunda vez que voy y ya es también la segunda vez que me trata como una persona de la zona, es decir, no siente la necesidad y sabe que yo tampoco la tengo, de venir a buscarme al punto exacto a donde llego. Quedamos siempre en encontrarnos donde sea más conveniente. Gracias Ula por darme esa independencia de movimiento y tener entera confianza en mi capacidad de desenvolvimiento en una ciudad y en Italia.

El fin de semana se desarrollo en la cocina de día y en unos locales bailables de noche.

La familia de Ula como siempre me trató de modo impecable, haciéndome sentir parte integrante de la familia y muy a gusto.

Hemos cocinado la madre de Ula y yo varias especialidades polacas: unos ñoquis polacos de nombre para mi irreproducible, dos tortas, una de queso y una de manzanas, la decoración de las galletitas que ya había dejado listas Ula, dos panes repletos de semillas y un extra de crema de sambayón al moscato que no estaba en programa pero que además de salir muy rico me hizo conocer el moscato. Vino dulce, blanco y espumante. Todo lo contrario a lo que pensaba yo que me lo había siempre imaginado como un vino tinto, fuerte y de dudosa calidad.

La primera noche fuimos a una inauguración de una muestra en donde un vaso de vino nos calentó motores. Luego cenamos en la casa de Ula y gracias a la convicción de Ula, logramos salir nuevamente de la casa pese al frío y fuimos a tomar un trago que también me gustó demasiado, otra cosa de la que me he hecho bastante fanática se llama liquirizia y tiene el gusto de los caramelos Media hora. Es como un dulce amargo y servido en forma de mojito con un caramelo para degustar durante o luego del trago, me gustó mucho, sólo que es la especialidad de ese local y no pude encontrarlo en ningún otro lugar. Luego fuimos a un boliche en donde la edad promedio era 22 años. Debo decir que intenté bailar pero no me inspiré mucho, por suerte Ula tampoco y nos volvimos a la hora de los 30 (1:30 am).

Al otro día tipo 11 se abrió la cocina y no se cerró hasta las 8 de la noche con una breve pausa de almuerzo y luego a continuar con el trabajo. Acá algunas fotos de los productos terminados, de mi maestra y de mi amiga.

Torta rellena de puré de manzanas y canela con merengue.

Ñoquis polacos. Las hojas verdes de la foto no tienen nada que ver con la receta pero quedan  muy lindas.

La prueba de la crema de sambayón y algún comentario.

Ula y el glaseado para sus galletitas.

Las señoras galletitas.

El señor pan.

Torta de queso, pasas y rhummmmmmmmm.
Esa noche Ula volvió a conseguir sacarme de una cocina calentita de horno encendido y llevarme a bailar. Primero cenamos en la casa de nuestro amigo Stefano que se despachó con unas albóndigas (me encanta la palabra albóndigas) y una pasta con berenjenas. Llegó el moscato aquí también y unos licorcitos "digestivos" según culaquier italiano a quién se consulte. Y luego sí a romper las pistas.

Después de tanto tiempo volví a mi querido y bien puesto Gin tonic. Me convertí en la armadora oficial de cigarrillos y recibí elogios por mi velocidad y calidad del producto terminado.
La pista seguía en llamas, la música era muy buena y por fin me saqué de encima las ganas locas que tenía de bailar.
Más tarde quise innovar con un trago nuevo, dejar en un costado mi Campari naranja y mi Gin tonic de siempre y optar por alguna nueva opción. El mojito a la liquirizia no era posible, así que me acerqué a la chica de la barra y le dije mis gustos entonces no hizo más que mezclar un poco de esto un poco de aquello y darme el trago. Ilusa yo, pensé que se trataba de un trago ya probado, estudiado y le pregunté el nombre así en caso de que me gustara podría empezar a ampliar mi lista de bebidas posibles. Ella me respondió preguntándome mi nombre y así fue como la invensión irreproducible con forma de trago se llamó Cecilia.

Torino tiene mucha movida cultural, muchas muestras de arte y en la zona creo poder afirmar que es de lo más modernito. Esta afirmación se verá en una de las fotos que siguen.

Torino es así, tiene esa cosa que tiene Buenos Aires. La capacidad de hacer una fiesta en una club de remo que tiene en su sala central un dinosaurio de madera balsa colgando y donde los estantes donde se encuentran las botellas en la barra no son más ni menos que botes en desuso puestos de pie.

Mis amigos.

Las chicas.

jueves, 15 de diciembre de 2011

En el aire

Uno de los principales argumentos/técnicas de la pastelería es incorporar aire a determinadas preparaciones para obtener ciertos resultados. Esas masas esponjosas, suaves, listas para ser cortadas y rellenas con las mil y una posibilidades de cremas más o menos aireadas, siguiendo otros pasos para conseguirlo... Digamos que en la pastelería el aire no es un tema menor, sino una gran clave de éxito.

Hoy, por primera vez, en mi tercer lección de canto, de mi salieron sonidos agradables y con una potencia aceptable. El truco? El aire, la forma de inspirar, mantener y exhalar el aire que convierte a nuestro cuerpo en caja musical.

No fue difícil llegar a esta conexión mental, fue casi automático cuando mi profesora me dijo que hoy habíamos hecho unos cuantos pasos adelante respecto de la respiración y nombró al aire. Materia que no cuesta un centavo en sí misma, pero que tiene la capacidad de adquirir varios usos, formas, nombres y la que une "casualmente" las dos cosas que estoy haciendo en esta etapa.

Así fue que me pregunté si se trata de una etapa liviana en mi vida, pero en realidad creo que se acerca más a mi por lado de la oposición, contrarestando las cuesta arriba y recordándome que liviano me gusta más.

jueves, 8 de diciembre de 2011

"...Hay un piso de arriba en esta casa, con otras gentes. Hay un piso de arriba donde vive gente que no sospecha su piso de abajo..." Julio Cortazar.

Una gran verdad, mejor dicho, otra gran verdad ha expuesto claramente don Julio en algúna de las "Historias de Cronopios y Famas".

Yo afirmo ahora, en un sentido mucho menos poético y tanto más llano, que es muy bueno vivir en una planta baja. Una de las razones de mi afirmación es que uno puede mover sillas a placer, de hecho yo todas las tardes a algún horario diferente pero parecido, muevo desde la habitación la bicicleta fija y la pongo delante del televisor en el living. La arrastro sin problemas, sin preocupaciones, con total libertad. Sin embargo, pareciera ser que por regla general siempre me toca un piso de arriba que además de adjudicarse los mismo derechos que recibe quién habita en un piso de abajo, tiene una Wii que acompaña el sonar del zapateo con gritos, risas y puteadas.
Yo andaba un poco preocupada por no molestar con los ejercicios vocales que tengo que hacer para mis clases de canto, pero ahora que tengo bien claro que el piso de arriba no sospecha el piso de abajo, puede ser una buena oportunidad para colaborar con los deseos de don Julio y advertir a los pisos de arriba que hay gente de pisos de abajo.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Por el camino del Bonet, el Matone y todo lo digestivo.

Acá como en cualquier parte del mundo, las costumbres culinarias varían en relación a los cultivos. Las materias primas a disposición marcan el paladar entrenado de cada zona y así nacen lo que conocemos como productos típicos. Por el norte sale mucho la avellana, la castaña (el marrone), las uvas con las que se hacen vinos específicos, el tartufo, estrella de la ciudad de Alba y la lista sigue.
Había ya escuchado nombrar varias veces el Matone y el Bonet, dos dulces que se comen a la hora del postre y que se jactan de ser de lo más piemontese que pueda existir a la hora de dar un mimo al paladar. Ahora bien, llegó la hora de la verdad en dos ocaciones diferentes pero en esta misma semana.

El primer encuentro fue el domingo pasado con el Bonet, dulce de consistencia parecida a un flan, pero que se hace con amaretis (esa especie de merenguitos de color café y gusto a almendras) y cacao. Debo decir que el encuentro no fue de lo mejor, al saborearlo me desencontré completamente con el sabor a almendras que esperaba y la concistencia de flan era más bien de gelatina. Hice el comentario al resto de los comensales y la respuesta que obtuve fue que no era de los mejores, que no me dejara guiar por él.

Una situación parecida fue la que viví anoche luego de cenar. Dude mucho entre elegir el clásico, conocido y riquísimo Tiramisú o si arriesgar mi postre con un Matone desconocido y sin saber si era el lugar justo para comerlo. Arriesgué y el resultado de este encuentro fue más bien pobre. Galletitas de paquete bañadas en café y relleno con crema de manteca (con gusto a manteca y a la que se le podían sentir los granos de azúcar) y crema de manteca sabor chocolate (a la que también se le sentían los granos de azúcar). Una capa de galletitas bañadas tras otra y estas dos cremas en medio que no hacían más que engrasar el paladar y no dar ninguna alegría. Me recordó a nuestra tan querida chocotorta pero sin ninguna gracia, aunque el armado sea exactamente el mismo. Expresé mi descontento a Mario que probó una cucharadita mientras él se comía una Tatén de manzanas que se veía mucho mejor que mi Matone y me dijo las palabras que yo ya no quería escuchar. Otra vez la historia de que no había que tenerlo en cuenta a la hora de valorar el Matone porque este no estaba bueno.

Yo me pregunto qué es lo que pasa. Entiendo que puede suceder, que no sería la primera vez ni el primer país, de hecho en Argentina sucede también que a veces las cosas no son como deberían, ¿gato por liebre?

Llegamos a la conclusión de que Mario con sus propias manos me haría las dos especialidades dulces de la zona. Le dije que quería que ese fuera mi regalo de cumpleaños, y eso que puedo estar arriesgando mucho, pero creo que vale la pena el riesgo ya que una vez en Buenos Aires me late que deberé defender del paladar italiano algunos de nuestros productos estrellas que pueden ser no comprendidos por una persona de Italia, el país que cumple la mayoría de las veces con los requisitos de la buena cocina, que tiene la comida como cultura, como placer y como centro de conversaciones la mayoría de las veces.

No por casualidad, además de todo lo que se come, tienen un montón de productos que llaman digestivos, máscara que usan como el pretexto perfecto para poder seguir comiendo o bebiendo.

sábado, 3 de diciembre de 2011

Los buenos deseos

Sucede algo bastante particular a lo que todavía no consigo acostumbrarme y mucho menos consigo pronunciar.

Este es sólo un ejemplo de algo que se repite en cada conversación:

Estoy en un bar, 8.53 am tomando un té, leyendo el diario, bueno mirando las figuritas y leyendo alguna cosa, por lo general busco eventos culturales en zona o ferias de alimentos. El señor que atiende el bar vuelve a la escena con las luces de navidad para poner en la ventana del bar. En ese momento entra una señora y pide un café. Se conocen, conversan un poco mientras ella toma el café, paga y emprende la retirada, entonces el señor del bar vuelve a acomodar las luces de navidad. La señora abre la puerta y luego de decir adios sigue con esta frase "buenas luces de navidad".

Los italianos tienen eso, tiran buenos deseos para todos lados, los riegan pero se pasan y ya no se los creo.

Si estás haciendo cualquier cosa y alguno llega habla dos minutos y luego se va, al irse saluda y luego suelta un "buena continuación".

Exceden los límites del buenos días, buenas tardes y buenas noches, bueno obviando que el buenas tardes no las dicen porque a las 2 de la tarde arrancan ya con las buenas noches.
Sí, es parte de la cultura, sí es parte de lo aprendido, llamémoslo buenos modales, pero también es parte de los díalogos que denominaría de ascensor, "hola qué tal?", "bien". Silencio por 4; 8; 12 pisos.

Lo bueno es que esta vez hasta el señor del bar se sorprendió, repitió "buenas luces de navidad" y se rió.

A mi, por mi parte esas luces de navidad me empezaron a provocar el efecto imán, es decir que cada vez que paso en coche miro la ventana del bar buscando las luces.
Será que son realmente unas buenas luces de navidad?