Algo sucede o viene sucediendo desde que la mamá de mi amiga Ula me enseñó a hacer su pan típico polaco con muchas semillas y rico, riquísimo para mi gusto.
Lo hice algunas veces en casa, dos ya, y siempre con buenos resultados. Es cierto el horno me sigue jugando unas pasadas extrañas, pero de todos modos, sale o sale y eso siempre es bueno.
Igual no quería contar esto, o no sólo esto. El tema es que desde entonces algo sucede con el pan, como un buen augurio, como buenos deseos, como un buen modo de empezar el año.
A la casa de mi amiga Agos llevamos un pedazo del pan polaco que encantó a todos, incluyendo a Jens, alemán y por ende buen entendedor de este tipo de panes, cosa que me ha dejado muy conforme con la horneada y preparación a cargo mio y sin control de mi mestra.
La única indicación que tengo respecto a la levadura de ese pan es que se debe hacer una vez al menos en dos semanas para que siga viviendo y así poder seguir hacíendolo por siempre. Lo he vuelto a hacer el jueves, día que lo debía hacer sí o sí para respetar su única exigencia.
Nuestro freezer y alacena revalsaban de pan, asi que era ya una decisión tomada que el pan que se cocinaba se regalaría, cosa que además me parece bastante romántica. Regalar un pan hecho con las propias manos me suena a una ofrenda del corazón.
Pan lactal con riesgo de vencimiento, pan brioche y focaccia que trajo Mario de su trabajo, pan que compramos en un mercado natural en Alemania, todos esos panes existen en nuestra cocina y los desayunos son los mejores que hemos hecho hasta ahora.
Salimos ayer con nuestros panes para entregar, pero antes pasamos a visitar a un tío de Mario que para mi sorpresa tiene un horno de leña, hermoso, arreglado a nuevo y en el cual hornea el pan una vez a la semana más o menos y nos invitó para cuando vuelva a hacerlo, cosa que a lo mejor sucede el martes que viene. La cosa que me llamó y sigue llamando la atención es que cuando nos fuimos su mujer (la tía de Mario) vino con una bolsa con uno de los panes horneados en horno de leña que nos regalaron visto nuestro interes.
Ahora bien, yo estoy yendo a entregar dos panes de regalo y justo antes me regalan uno a mi. No se me va de la cabeza que es de buena suerte que no falte el pan, que sea una cosa que va girando como una rueda (de amor, muy cursi?).
Hoy ya pasada la historia del pan, nos pasó algo también muy lindo. Volvíamos del centro y una viejita nos preguntó si no la llevábamos hasta un lugar en coche. Le dijimos que sí, que claro. Subió, habló bastante sin dejar mucho lugar a ninguna respuesta y al bajar nos deseo algo hermoso:
"Vi auguro la felicitá tra voi due, soppratutto", lo que sería "les deseo felicidad entre ustedes sobre todas las cosas". Yo respondí con un "Buen año" y primero sentí enorme alegría por el deseo que sintió para nosotros, y luego me pregunté hasta que día del año nuevo se puede seguir deseando buen año.
A lo mejor estoy muy optimista como quién pasa una hoja esperando cosas nuevas, como si el año nuevo de verdad trajera nuevas esperanzas, cosa que no debería ser necesariamente de ese modo, pero sinceramente siento que están pasando cosas lindas, como si la nieve cayera de otros modos, sin caer ella misma, pero dejando resvalar este tipo de cosas que me hacen sonreír más de una vez al día.
1 comentario:
hermoso CEci...
agos.
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