domingo, 22 de enero de 2012

¿Qué verdad?

De la diversidad se aprende, en la diversidad sentimos otras campanas, de otro, con otros sonidos y tonos y pensamos en el lado de la vereda que estamos parados, tan parados que ni siquiera lo sabemos hasta que nos detemos o detienen a pensarlo.
Nos invitan a cruzar la calle, sólo que a veces no nos interesa aunque de todos modos la cruzamos de alguna manera, por un rato, en el otro, en el que dice y hace como hacen en la vereda de enfrente.
Entonces después volvemos a nuestra vereda y a lo mejor traemos en mente un grafitti que vimos escrito en alguna pared de la otra vereda y nos hizo sonreir o pensar algo nuevo feo o lindo.
A veces llueve en una vereda y en la otra brilla el sol, y a veces es al revés.
La diversidad nos invita, está ahí, nos estimula, nos pincha, nos aleja, nos acerca, nos molesta, nos enoja, nos activa, nos provoca.

Evalúo los grises aunque me da miedo caer en una tibieza gris que no es ni crudo ni cocido, que no es una cosa ni otra, es gris.

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