Nos levantamos un poquito más tarde de lo previsto, pero en realidad no fue tan así porque estuvo prevista la levantada más tarde y salimos a las 9 am. Sabíamos que iríamos con calma, teníamos una bolsa llena de bebidas energéticas, "sanguchitos", pasta con verduras, 12 litros de agua y galletitas dulces, todo lo indispensable para salir a la ruta sin gastar de más y comer tranquilamente en la víspera de una cena de año nuevo.
En Francia nos esperaban amigos, Agos, Jens y Ana, una chica que me presentó el último día el 2011 y que ha sido un placer conocer.
El viaje venía muy bien, todo muy tranquilo, no mucho tránsito, pero al llegar a Suiza, así como habíamos visto anticipadamente en el servicio meteorológico, la ruta estaba cubierta de nieve, cosa que nos hizo realentar el paso bastante más de lo esperado, haciendo un poco más largo el trayecto pero también más placentero para mi que no iba manejando y por fín hacía contacto visual con la nieve (y no sólo visual ya que las ganas de hacer pis llegaron justo en ese momento y me tocó caminar por la nieve hasta entrar al baño de la estación de servicio).
En la radio se podía escuchar de todo en todas las lenguas, pero sin duda el momento mejor de la radiofonía suiza fue "The final count down" en donde nos despachamos a los gritos con el estribillo hasta la emocionante sensación de golpear el techo del coche con la palma derecha medio de cancha pero también bastante de chica en la cancha.
Al llegar a Francia el cielo era otra cosa, tanto así que hasta un arcoíris se plantó delante de nuestros ojos haciéndome creer que se trataba de un buen augurio para el 2012, y sí, en esas fechas y luego de caer en cuenta de que estábamos en cuenta regresiva gracias a la canción antes nombrada, me pongo cabulera y veo señales en todo y en todos...
Llegamos finalmente luego de 7 horas de viaje y charlas, y risas y comida y hacer pis y nieve y empujar dos coches que se quedaron atrapados en la nieve (bueno yo no empujé a nadie, yo hacía pis mientras Mario empujaba). Allí estaban nuestros amigos esperando en casa. Nos relajamos un poco, empezamos con una cervecita, luego a cambiarse de ropa y ponerse más presentable y el aperitivo en donde conocimos un queso griego increible para acompañar zanahorias cortadas finitas, tomamos un vino dulce muy rico y luego nos sentamos a la mesa a comer un plato indio que había preparado Jens para todos nosotros. Una gran sorpresa.
A esta altura las conversaciones podían darse en español, italiano, inglés y francés punto y coma el que entendió se embroma... es cierto, a veces se creaban confuciones o alguno de alguna lengua pasaba rato sin decir palabra y ahí a cambiar idioma nuevamente. Rotación.
Nuestra tarea era llevar el postre y optamos por preparar ahí mismo un sambayón/zabaglione calentito, espumoso, con galletitas para mojar. Salió muy bien y eso que ya teníamos la panza llena y los vasos vacíos. Con Mario hicimos buen equipo en la cocina y eso siempre es una alegría.
Se acercaban las 12 y con ellas una realidad entre miles, en Francia está prohibido tirar fuegos artificiales pero en Alemania no. Agarramos el auto, una botella de champagne y salimos entonces a cruzar el puente que une Francia con Alemania pasando sobre el río Rin.
La particularidad es que las 12 nos dieron en ese trayecto, entre un país y el otro, cruzando límites, en dos lugares o en ninguno. Las 12 nos dieron dirigiéndonos a las luces que nos esperaban delante y la oscuridad que dejábamos atrás. Las 12 nos dieron sin querer frenar sino seguir andando y disfrutando de no estar quietos. Las 12 nos dieron y no nos convertimos en calabazas ni en más viejos ni en más sabios ni en menos buenos o malos, todos sabemos que esas son cosas en las que trabajar. Supongo que cada uno habrá sentido una emoción interior personal que no se compratió y alguna frase o palabra habrá retumbado en las cabezas o algún deseo fantástico o no, o alguna persona/s abrá/n aflorado en el corazón que latía silencioso o que no llegabamos a escuchar porque cada vez estábamos más cerca de los ruidos de los petardos.
Nos dieron las 12 no sabemos dónde ni muy bien por qué pero así fue, lo juro.
Los muchachos, como Agos atinadísimamente los llamó, se divirtieron? tirando petardos mientras las chicas conversábamos, reíamos de la actitud de los muchachos y los petardos, del miedo nervioso de que alguno nos cayera justo al lado y también tomábamos el champagne que los muchachos no podían tomar por ocupados. La retribución fue grande y una caja de "chasqui boom" llegó a nuestras manos, lo cual alimentó nuestros instintos de venganza y munidas de todos los montoncitos de pólvora se los tiramos a los piés de un golpe provocando absolutamente nada en la muchachada que tramaba encender el último petardo de la madrugada.
El plan siguió en una fiesta que alguien había amablemente improvisado en su casa pero la ilusión duró poco y cada canción mucho, así que decidimos emprender la retirada. Los 30 años, o "el tercer piso" como definió perfectamente Ana, están hechos para vivirlos y disfrutarlos pero a veces eso también tiene que ver con el ser un poco más selectivo, y este era precisamente el caso perfecto para serlo.
El plan fue ir a casa, dormir y al otro día hacer un paseo enérgico por la bonita ciudad.
Así fue, así pasó el 31 de diciembre y el comienzo del 1 día de enero del 2012.
El despertar trajo un desayuno amigable, tranquilo, pausado y muy rico. Se hizo luego el mediodía y llegó un almuerzo a la mesa en manos de Jens que nos deleitó con la típica Tarte flambé de la zona. Debo agradecer al cocinero por respetar mis restricciones alimenticias al pié de la letra en todas las ocasiones con mucho ciudado, cariño y dedicación.
A las 4 o 5 de la tarde la energía nos empujó a salir y así fue como una paseo por una Strasburgo nada fría nos acarició el cuerpo y el alma por unas tres horas y varios rincones. Tomamos un vin brulé, que es un ino hervido con especias (así se llama en Italia pero en Francia se llama diferente y no me acuerdo cómo) y pensé que al estar tan cerca de Alemania el vaso en el que lo sirven es más bien grande, acá en Italia es un vasito chiquito chiquito y se toma fácil, allá costó terminarlo y la cosa es no dejar que se enfríe, eso sería el fin del placer y supongo también del estómago.
Al volver a casa se hablaba de los planes del día siguiente, la cosa más importante de todas las actividades del día venidero era conseguir el elixir de la juventud. Un secreto cosmético revelado por Ana como ofrenda del año nuevo nos inquietaba a Agos y a mi, así que se empezaba a barajar la idea de movernos 70 km. al día siguiente (dirección Alemania acercándonos a Mario y a mi al regreso italiano) para consegir una piel envidiable desde el segundo día (la segunda noche, se aplica a la noche) del año ya empezado.
Llegaron los juegos de mesa y con ellos, desplegamos Agos y yo las risas inevitables y la competencia desenfrenada que implica un "Chancho va" en el cual perdí y como prenda tengo que sacar una foto a un cerdito que inexplicablemente venía puesto encima de una torta que la vecina de Agos le regaló.
Luego llegó "la Generala" y después "la Obligada". Es cierto que explicar esos juegos con palabras es mucho más complicado de lo que resulta jugarlos. Acá los marcadores dejaron en claro más o menos de qué lado estaba la fortuna esa noche pero sin tanta risa ni gritos como el increible chancho.
Para seguir con los juegos decidimos hacer la competencia Panettone vs Stollen, dos productos típicamente navideños, sólo que el Panettone es italiano y el Stollen alemán.
Mi veredicto vencedor fue para el Stollen, pero los demás no se la jugaron y concluyeron en que son dos cosas muy diferentes. Por suerte el Stollen me lo regalaron y me lo traje a casa.
Llegó el 2 de enero y tempranito, salimos para Alemania, llovía y hacía frío así que inmediatamente luego de estacionar el auto nos metimos en una de las mejores tiendas naturistas de Alemania. Ahí hicimos compras de comestibles incriebles y por supuesto que compramos también el boleto a la belleza.
Un almuerzo reparador al mediodía con un amigo de Jens que como había vivido 10 año en Italia se despachó con sus ganas de hablar italiano y Mario creo que terminó de ser feliz luego de todos sus esfuerzos muy bien logrados en un español que dejó ver que sabe decir por ejemplo "pedacito".
Se emprendió la retirada, a mi me daba miedo que nos agarre la noche cruzando Suiza, cosa que finalmente pasó, pero por fortuna no había nieve por el suelo así que todo transcurrió en perfecta armonía. Claro que yo quise hacer otra vez un pis internacional y paramos a pesar de la lluvia en una estación de servicio que nos dió el último souvenir de 3 días mágníficos con amigos y de fiesta (a nuestro modo tranquilo y relajado, claro).
| Paso de San Gotardo a 2109 mts., Suiza, la nieve, adrenalina y felicidad. |
| A poner las cadenas para la nieve, nosotros estábamos munidos con gomas antinieve así que no nos hicieron falta las cadenas, que por supuesto también llevamos en el asiento trasero. |
| El arcoíris de final 2011 ya en Francia. |
| El día. |
| Mario comiendo las ensaladas que anticipan el plato principal. |
| Ana rindiéndose ante la abundancia del plato principal y contándonos los platos típicos de Méjico con cara de satisfacción o melancolía? |
| Jens. Siempre tengo la sensación de que le saco unas fotos muy de otra época, es decir, fotos de esas que uno ve hoy en día de padres o tíos a abuelos cuando eran jóvenes. |
| La sobremesa y yo con la copita en la mano. Hay costumbres que duran en los años. |
| La imagen más representativa de la fiesta a la que fuimos o intentamos ir. Así, justo así era el espíritu de la fiesta. |
| El vin Brulé. |
| Mi teoría sobre que el tamaño del vaso está dado por la cercanía a Alemania en donde se sabe, las bebidas y comidas son XL. |
| Panettone VS Stollen. |
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