miércoles, 19 de octubre de 2011

No necesito tres, con uno me alcanza.

Me desperté a las 5am. No pude volver a dormirme. Leí algo que me hizo sentir muchas ganas de recibir una sorpresa, pero no una sorpresa material, una sorpresa-deseo.
Pensé lo siguiente: A veces cuando quiero que suceda una cosa me la imagino de la mejor manera posible, como si de un sueño imposible se tratara. Un golpe de suerte para la protagonista de esta película. La cosa es que pienso esas cosas con la seguridad de que el principal motivo para que no sucedan es por un lado su perfección y por el otro la intensidad de mis ganas. Por lo general este sentiemiento como viene se va porque total ocupa un espacio vacío, un espacio improbable, un espacio cero.
No quiero sonar pesimista, me siento más bien realista. La cosa es que empecé hablando de las sorpresas-deseo, ahora digo que me sobran ganas de que alguna se me caiga en la cabeza, así perfecta, así como sería imposible que suceda, tan obvia que no la crea, tan de buena racha que me tenga sonriendo tres o cuatro días y que al pensar en ella, en ella en mi, se haga sentir con delicados reflejos en la panza o se pose en el primer pensamiento que tenga la despertar.
Deseos, los buenos deseos.

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