viernes, 25 de noviembre de 2011

Receptiva.

Ayer por la tarde-noche descubrí varias cosas.

Descubrí que a las 7:30 cierran todos las tiendas del centro excepto algunos bares y los restaurantes, hasta el bar de la estación que me alberga siempre con el magnífico calor permanente de sus hornos de pan y el ir y venir de gente de los más variada, los diarios al día y un enchufe estratégico en la que ya es mi mesa para conectar la compu. Sin wi-fi, por supuesto, acá es un valor tan agregado que un bar posea ese servicio que por default no hay y como todavía Alba no integra la lista de las ciudades que tienen wi-fi libre en el centro, pues nada, con computadora, con bar, con capuccino, con olor a pan y calor, con gente que hace bromas, con una radio animada y sin internet, que no está mal a estas alturas.

Descubrí también que cerca de la estación pero para el otro lado hay un local de hamburguesas, el único que existe en toda la ciudad me imagino y que por suerte no es Mc. No tenía hambre así que no probé, pero no faltará oportunidad.

Sin saberlo descubrí un nuevo sabor de "Tic-tac" que cuando quise pagar la señora del bar me explicó que se las habían traido nuevas esta semana, que se trata de una edición limitada de un mixto de frutas, todas con mucha vitamina C. Como una versión otoño invierno que los de la Ferrero no están tan seguros que funcione a nivel de producto, o de mercado o de estación.

Descubrí que en una clase de canto coral es muy difícil no ir detrás de la nota que canta el otro. Mi voz iba más o menos como una bicicleta que recién se está aprendiendo a manejar, zigzagueante por las cuerdas vocales.

No descubrí que me gusta cantar, que me hace bien, que me llena, eso ya lo sabía. De todos modos tuve una buena sensación cuando la profesora descurbió que soy afinada.

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