No me sorprende más ni me pone de mal humor hacer placas y placas llenas de tarteletas de diferentes tamañanos, hasta me asigné la responsabilidad de estirar la pasta, agujerearla, cortarla y llevarla a la mesa de trabajo en donde hago eso, trabajo metiendo la masa en moldecitos para cocinarla.
Claro, a veces, como hoy, que Salvo (Salvo es diminutivo de Salvador, un nombre muy usado por estas tierras, y es también el señor que me ha tomado en "préstamo" por estos tres meses de pasantía) estaba realmente ocupado con cosas que yo no puedo ni tocar, me permitió que a mi tiempo, que es un poco lento, hiciera yo misma y solita todo el proceso. Podemos decir que es un punto a mi favor? Sí, creo que sí, creo que si vuelvo a Argentina y hago un campeonato de hacer tarteletas gano.
El punto es que las metí en el horno, hasta ahí llega mi responsabilidad ya que él se ocupa de tiempos y de darlas vueltas a los 10 minutos de cocción. Cuando las vi salir eran una especie de tarteletas simpáticas, porque hasta simpáticas se me hacen ahora, de color negro en los bordes. Sin expresión en el rostro las dejó en el carro de producción y yo reí para adentro. No es que me ponga de mal humor tener que hacer una placa más de miles de tarteletas, no señores, total sé que las tengo que hacer. De todos modos me dió satisfacción. Muy conchuda? perdón por el exabrupto, quise decir, muy mala?
No hay comentarios:
Publicar un comentario