viernes, 16 de septiembre de 2011

Cuando duele el corazón

Conocí a un chico el otro día en la guardia del hospital que se llama Pape. Él estaba ahí acompañando a un amigo que se sentía mal del corazón. De tanto en tanto le comenzaba a latir fuerte fuerte y Pape lo convenció para que vayan al médico en lugar de preocuparse sin saber qué hacer.
La cosa es que nos pusimos a hablar durante bastante tiempo, total teníamos demasiado que esperar.
Nos hicimos las preguntás típicas de las que ya hablé y más temas, uno de esos fue que hace tiempo no conocía a ninguna chica que le gustara realmente, que andaba necesitando eso y se sentía bastante triste.
Nos separamos en varias oportunidades o porque era el turno de ellos, o porque era el mio, pero después nos volvíamos a encontrar en alguna espera de entraga de resultado de análisis. Ellos se fueron antes que yo, pero Pape me dejó su teléfono y se ofreció a buscarme cuando yo terminara mi visita. Yo muerta de miedo le decía que no quería que me dejaran internada y él reía y me decía que eso no iba a suceder, que lo llame y él venía por mi.
Cuando terminé lo llamé para decirle que no se preocupara, que podía volver sola, pero insitió en venir a buscarme así que lo esperé. Me invitó a comer algo, fuimos y continuó hablando de su mala suerte amorosa. Hoy me escribió a ver cómo me sentía y le dije que un poco mejor, le pregunté cómo estaba él y me respondió que bien pero que le falta a su lado una como yo. Le respondí que me había quedado pensando en que nos conocimos en el hospital por los problemas del corazón de su amigo pero que en realidad el que tiene el corazón malito es él.

2 comentarios:

Estanislao dijo...

y bueno Chinchulines, a mejorárselo!

Cecilia dijo...

No creo tener ese poder, pero veremos si por lo menos lo hacemos sonreir.