Anoche, una vez que ya habìa decidido que no iba a salir de casa y que el plan era pelìcula en la cama y no el frìo polar de afuera, me asegurè con una mirada de reojo en la despensa de tener alguna gaseosa para tan preciado momento de funciòn.
Al momento de la verdad y cuando encendì la luz de la despensa para agarrar la "gaseosa cola" de bajas calorìas me di cuenta que lo que en la oscuridad se parecìa a la felicidad bajo la luz del foco era un limpiador de pisos.
Haciendo honor a mis treinta años, en donde algunas cosas empiezan a precuparnos muchos menos que antes, me puse el tapado arriba del pijama, las zapatillas sin medias y bajè al supermercado chino por una gaseosa y ya que estaba unas papas fritas.
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