Cuando era chica y me mandaba una macana que para mi era muy grande, casi siempre, digamos un 90% de las veces, a mi madre le parecía nada o bastante poco lo que para mi representava la ida segura al infierno. Ahora me siento un poco así cada vez que voy a una entrevista de trabajo. Salgo pensando que la rompí, que no hay chances de que llamen a otra persona que no sea yo y como contrapartida recibo ningún llamado o algún mail de cierre de búsqueda sin ser yo la acreedora del trabajo.
Pienso en las percepciones y en lo que representan, lo diferente que es un hecho visto desde dos cristales diferentes, desde dos sillas enfrentadas, desde dos posiciones opuestas (empleador - potencial empleado). Pienso en las personas de RRHH, en su trabajo, en la simpatía con la que lo hacen (por lo menos al momento de tomar empleados). No, no haré ningún comentario anárquico, sólo diré que a veces me siento como cuando era chica y la pifiaba en el modo de concebir la realidad del otro modificando la mia propia.
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