En una clase de pintura, muchos años atrás, vi un documental sobre Gauguin, su vida en Tahití, sus pinturas. Sin embargo la imagen de aquel documental que me emocionó hasta las lágrimas fue un volcán en erupción que aparecía frente a mis ojos y a todos los ojos de las personas que mirábamos la cinta. Lloré, me emocionó más que ningún cuadro pudiéndose describir con el mismo lenguaje con el que se hablara minutos más tarde sobre los cuadros, la vida del pintor y su sensibilidad.
Hoy, la vida me trajo a vivir a una ciudad que tiene un volcán o cerca de un volcán que custodia varias ciudades. Desde que lo supe, desde que me mudé a una casa que me deja verlo por la ventana, creo que lo escucho cuando no suena, sueño con él, lo miro como esperando que me de una señal, espero que me haga sentir.
Esta mañana, lo volví a mirar cuando bajé a tomar el colectivo, y ahí estaba lleno de fuego en su cima, humeando más que de costumbre en un perfecto silencio, por lo menos a esta distancia.
Sin dejar de mirarlo intenté sacarle una foto que no refleja nada de nada. Después pensé que si quiero ya me puedo ir de esta ciudad.
3 comentarios:
Ojalá todos supiéramos, como estás sabiendo vos, en qué momento se puede pasar la página. Al contrario, nos la pasamos insistiendo en meter goles en partidos que terminaron hace rato.
Qué bueno vivir en un lugar en el que se puede ver un volcán por la ventana.
Ojalá supiera Ale, fue sólo una sensación, ojalá supiera si es o no lo que tengo que hacer...
Y sí está bueno ver el volcán por la ventana, siento casi que lo espío sin que se de cuenta, porque no vas a creer que tengo una vista panorámica al volcán, no señor, tengo que asomar un poco el cuerpo para alcanzarlo. De todos modos sigue siendo muy lindo.
Chinchulines sigue mirándolo, hasta que suene =)
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